La matanza de los Inocentes

donde Virgilio iba cantándonos. La luz
ya no es luz sino inmensa
vorágine de humo que ilumina la noche.
El mar se rompe a peces
que deslizan sus formas por la arena
y los niños sujetan los fusiles
como extraños caballos de cartón.
Lloro desde el castillo de mi ausencia
y mi espada derrocha largos trazos de tinta.
Mirad como, en sigilo,
la muerte se agazapa entre mis versos.
Dolors Alberola
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